Desde el escritorio · 4 min
La inteligencia artificial y yo
Cómo utilizo la inteligencia artificial para superar límites técnicos sin entregarle aquello que me corresponde crear.
Hay quien utiliza la inteligencia artificial para generar imágenes. Otros para escribir textos. Otros para programar, hacer música o editar vídeos. Yo la utilizo para una cosa muy concreta: Para llegar donde antes no podía llegar.
Siempre he sido una persona a la que le gusta crear. No solo escribir novelas, sino imaginar proyectos, planificarlos y tratar de convertirlos en realidad. El problema es que, antes o después, todos esos proyectos chocaban contra la misma pared.
Había algo que yo no sabía hacer.
No porque no quisiera aprender, sino porque la vida tiene un límite. Trabajo, familia, novelas... No puedo dedicar años a convertirme también en ilustrador, animador, compositor o modelador 3D.
Y, sin embargo, esas disciplinas eran justo las que necesitaban muchos de mis proyectos para existir.
Lo importante no era aprender a dibujar
Cuando empecé a escribir, mucho antes de que la inteligencia artificial llegara al gran público, ya buscaba fotografías de personas reales para representar a mis personajes.
No era solo una cuestión estética. Necesitaba verlos.
Una imagen me ayudaba a descubrir detalles que ni siquiera había imaginado. Un peinado. Una forma de vestir. Una expresión. Un gesto. Muchas veces encontraba al personaje sin saber que lo estaba buscando.
Pero esas imágenes no podían convertirse en las ilustraciones de mis novelas.
Durante un tiempo pensé en aprender programas de modelado 3D o de creación de personajes. Incluso hice algunas pruebas. Pero me di cuenta de que aquello significaba dejar de hacer aquello que realmente quería hacer.
Escribir.
El primer proyecto imposible
Creo que el mejor ejemplo es el opening de Mi hermana de otro mundo.
Llevaba años imaginándolo.
No porque pensara vender una serie de animación. Simplemente quería ver en movimiento una historia que llevaba mucho tiempo viviendo en mi cabeza.
Hace unos años ni siquiera me lo habría planteado. No porque fuera imposible.
Porque estaba completamente fuera de mi alcance.
Con la inteligencia artificial no fue fácil. Hubo que aprender cómo trabajan distintas herramientas, preparar fichas completas de personajes, generar expresiones, poses, escenas... y repetir muchas veces hasta conseguir lo que buscaba.
Pero, por primera vez, sabía que el proyecto podía terminar. Y eso cambia completamente la manera de afrontar una idea.
La IA no hace mis proyectos
Hay una idea que me parece importante.
La inteligencia artificial no ha hecho desaparecer el trabajo. Ha hecho desaparecer algunos de mis bloqueos.
No escribe mis novelas.
No decide cómo son mis personajes.
No inventa mis historias.
Eso sigo haciéndolo yo.
Lo que hace es permitirme centrarme en aquello que realmente disfruto.
Cuando termino una novela sigo sintiendo exactamente lo mismo que sentía antes de que existiera la inteligencia artificial.
Porque la novela la he escrito yo.
Cómo trabajo con ella
Hay una cosa curiosa. Cuando hablo con una inteligencia artificial, suelo hacerlo igual que hablaría con una persona.
Y eso influye mucho en cómo la utilizo.
No le pediría a una persona que escribiera una novela por mí. Así que tampoco se lo pido a una inteligencia artificial.
Lo que sí le pido es que me ayude a mejorar aquello que estoy haciendo.
Que encuentre una incoherencia.
Que detecte una errata.
Que me ayude a ordenar ideas cuando llevo horas escribiendo.
Que genere una imagen de referencia para un personaje.
Que me permita avanzar donde antes me detenía.
El verdadero cambio
Creo que la inteligencia artificial no me ha convertido en mejor escritor.
Me ha convertido en un creador con menos límites.
Hoy puedo plantearme proyectos que hace cinco años habría descartado antes incluso de empezarlos.
No porque ahora alguien los haga por mí. Sino porque, por primera vez, siento que puedo llevarlos hasta el final.
Y eso, para alguien que siempre está imaginando historias, mundos y proyectos nuevos, es probablemente el cambio más importante de todos.
Mirando un poco más lejos
Hay quien piensa que el mayor futuro de la inteligencia artificial será crear imágenes, películas o videojuegos.
Puede que sí.
Pero a mí hay otra idea que me emociona mucho más.
Imagino un futuro en el que cada familia tenga una inteligencia artificial que haya convivido durante décadas con varias generaciones.
Que recuerde conversaciones, fotografías, vídeos y anécdotas.
Que un bisnieto pueda preguntarle cómo era su bisabuelo y no reciba solo una imagen, sino una historia.
Que pueda contarle cómo hablaba, qué le hacía reír o cuáles eran sus manías.
Porque, al final, las historias solo desaparecen cuando ya no queda nadie para contarlas.
Y quizá la inteligencia artificial también pueda ayudarnos a conservarlas.
— Alejandro
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